A veces uno lee y lee buscando como cervatillo por los textos bíblicos alguna palabra de Dios que sea aplicable a alguna situación en concreto, algo que se pueda decir que está inspirado por Dios. El resultado en un 95 por ciento de las veces se resume en irnos a Salmos (cortos, al grano y rapidito que tengo que hacer cosas). Sin embargo, Dios tiene compasión de nosotros (creo que a veces es lo único que somos capaces de hacer producir) y nos reserva un cinco por ciento de gloria, que nos enseña, una y otra vez, que sí está con nosotros.
Sin ir más lejos, estaba leyendo mi devocional y me fijé en una frase que me apasiona más y más a medida que me adentro en ella. Está en Romanos 8:19
En una versión antigua (Murdock) el texto todavía adquiere un tinte poético más profundo:
¿Que qué tiene esto que ver con la alabanza?
Las criaturas, toda la creación busca, anhela que los hijos de Dios “hagan ruido” y se muestren. Es como si el planeta echase en falta los días en que Dios se movía libremente por su superficie, frecuentando la "habitación de invitados" hecha para el hombre, y supiese que la manera más cercana de volver a sentir eso es mediante nuestra manifestación, nuestro alboroto, nuestro ruido. Es ahí cuando entra en juego nuestro papel en esta historia; si el trono de Dios está rodeado de alabanza, si la manera de hacer fiesta en el cielo es cantando y bailando, si no hay criatura que esté delante de él que no le adore, ¿cómo no lo haremos nosotros?
Recordemos; por si no es poco que a Dios le encanta que le alabemos, todo lo creado bajo el cielo desea y aguarda con esperanza y, por qué no, expectación, que tú y yo le alabemos. Se siente a gusto, le encanta oír y ver cómo los hijos de Dios le entregan sus vidas, le cantan, y una vez más se rinden con una sonrisa que le grita "eternamente juntos" ,"enamorado", o cosas por el estilo. La tierra desea, una vez más, ver a los enamorados de Jesús conquistando todo rincón con su amor que no les cabe en el pecho, haciendo notoria la gran victoria. Participemos del honor de alabarle y de decirle como la canción
Fran, Madrid
Sin ir más lejos, estaba leyendo mi devocional y me fijé en una frase que me apasiona más y más a medida que me adentro en ella. Está en Romanos 8:19
... porque el anhelo ardiente de la creación
es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios
es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios
En una versión antigua (Murdock) el texto todavía adquiere un tinte poético más profundo:
... for the whole creation is hoping and waiting
toda la creación está anhelando y esperando
for the development of the sons of God
el desarrollo de los hijos de Dios
Somos parte de la creación de Dios, y no sólo eso, sino que además tenemos la posibilidad de desarrollarnos y así satisfacer no sólo el deseo de nuestro creador, sino además el de la creación misma.toda la creación está anhelando y esperando
for the development of the sons of God
el desarrollo de los hijos de Dios
¿Que qué tiene esto que ver con la alabanza?
Las criaturas, toda la creación busca, anhela que los hijos de Dios “hagan ruido” y se muestren. Es como si el planeta echase en falta los días en que Dios se movía libremente por su superficie, frecuentando la "habitación de invitados" hecha para el hombre, y supiese que la manera más cercana de volver a sentir eso es mediante nuestra manifestación, nuestro alboroto, nuestro ruido. Es ahí cuando entra en juego nuestro papel en esta historia; si el trono de Dios está rodeado de alabanza, si la manera de hacer fiesta en el cielo es cantando y bailando, si no hay criatura que esté delante de él que no le adore, ¿cómo no lo haremos nosotros?
Recordemos; por si no es poco que a Dios le encanta que le alabemos, todo lo creado bajo el cielo desea y aguarda con esperanza y, por qué no, expectación, que tú y yo le alabemos. Se siente a gusto, le encanta oír y ver cómo los hijos de Dios le entregan sus vidas, le cantan, y una vez más se rinden con una sonrisa que le grita "eternamente juntos" ,"enamorado", o cosas por el estilo. La tierra desea, una vez más, ver a los enamorados de Jesús conquistando todo rincón con su amor que no les cabe en el pecho, haciendo notoria la gran victoria. Participemos del honor de alabarle y de decirle como la canción
La creación gloria te da, cuán hermoso eres,
los cielos cantarán ¡aleluya a ti mi rey!
los cielos cantarán ¡aleluya a ti mi rey!
Fran, Madrid

2 comentarios:
Me recuerda al puente de "Oh, Alábale" de David Crowder:
"constantemente hay canción que alabará al Rey!"
Es una pasada pensar que nosotros somos esa canción constante con el ruido que hacemos.
Bien expresado Fran :) me ha gustado tu reflexión.
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