¿Por qué tenemos que hacer esto juntos?


La alabanza es algo que en teoría puedes hacer solo o en grupo. Es una expresión de sentimientos y verdades acerca de Dios y dirigidas hacia Dios.

Hace unos días quedamos en un local varios músicos y líderes de alabanza para adorar un rato. El lugar no era perfecto, apareció mucha gente de trasfondos muy distintos, había ruido y el equipo de sonido no era el más potente del mundo. A pesar de todo ello, teníamos tantas ganas de simplemente ponernos ante Dios y hacerle ruido, que cerramos los ojos y nos pusimos a tocar cantando "cae sobre nosotros Espíritu de Dios", con la esperanza de que avivara nuestro espíritu para alabarle más sinceramente.

Casi de inmediato empezó a ser tremendamente fácil pensar en cosas que decirle a Dios, en recordar quién era él y lo que había hecho para salvarnos. ¡Fue tan fácil reconocer su soberanía y sabiduría y decidir seguirle! La fluidez de palabras, creatividad y alabanza que no había conseguido a solas o en un escenario desde hacía semanas, de repente se hizo tan natural que no podía parar.

Hablando con Fran en el viaje de vuelta a casa, concluimos que parecía que Dios nos había dado un regalo, una especie de don que teníamos que devolverle en alabanza. Ese don era para compartir con otros y no sólo para utilizarlo en solitario. Sí, hacerlo solos está bien, y necesario, y es el paso previo. Pero cuando lo hacemos en grupo, cuando alabamos juntos en sinceridad y sin imposiciones, pasa algo especial, como si Dios fuera más accesible, como si estuviera más cerca.

Quizás tenemos más que dar de lo que pensamos: canciones, acordes, espíritu de alabanza... Posiblemente al no compartir eso, no acaba de desarrollarse del todo. Queda en nuestras manos convocar a más personas, invitar a nuestros amigos y conocidos a participar, y ver si Dios tiene algo preparado para todos, a lo que individualmente no tendríamos acceso.



Kenny, Madrid


2 comentarios:

Aitor de la Cámara dijo...

Suscribo lo que has dicho Kenny. Después de todo la fe se alimenta y se contagia cuando estamos juntos.

Tengo ganas de escuchar lo que sale de tiempos especiales, cuando nos juntamos simplemente para reconocer una realidad tan alucinante como es la presencia de Dios en nuestras vidas, y no dependemos de un programa o estructura preestablecida.

kenny dijo...

Es curioso, no? Pensamos que somos una isla, pero sin otras personas no funciona el tema. Así de claro. Tenemos que ir grabando las conversaciones conjuntas con Dios que salen en los eventos y construir a partir de eso.