All you need is love


¿Alguna vez has pensado que el Amor es algo superficial, creado para sentirnos bien en momentos donde todo parece que nada merece la pena? Aún así, seguimos en la búsqueda de ese algo que por un momento llene ese vacío que existe en nuestro interior. Por supuesto ese algo es temporal, y cuando desaparece vuelve a dejar el mismo vacío, al que tanto miedo tenemos. Inseguridad, falta de identidad, temores y muchas otras cosas florecen, y dejamos de tener propósito.

Este mismo comentario lo puedes escuchar de mucha gente. Gente sin propósito intentando sobrevivir y adaptados a una forma de vivir vana y sin sentido. ¿Cuántas alabanzas habremos cantado? Algunas intentan definir el amor de Dios, algunas son buenas, otras quizás no tanto. No me avergüenza decir que soy un gran fan de las alabanzas antiguas, muchas han marcado mi historia y son fruto de experiencias personales con Dios, de tiempos de intimidad con nuestro creador. Cuando leo en Salmos las experiencias que tuvo David, algunas malas, otras buenas, en todo tiempo alababa a Dios, porque David realmente tuvo un encuentro con Dios, y le conocía.

¿De verdad hemos conocido el amor, esa verdad que nos hace libres? ¿Hemos tenido un encuentro real con nuestro creador, nuestro Dios, el Dios del Universo? Para los que estéis leyendo esto, Dios nos ama porque nos ama porque nos ama porque nos ama. Porque esa es su forma de ser. Nos ama al 100%, no hay nada que nosotros podamos hacer para que nos ame más, o menos. Él nos ama. Su amor nunca cambia, lo que cambia es nuestra habilidad para recibir su amor. Nos ama de una manera que nunca podremos comprender, por lo tanto desea que cada uno de nosotros vivamos en su amor, que tengamos un encuentro personal con él. Quiere que sintamos su amor, su increíble amor. Sin su amor las canciones se quedan en ruido y letras sin sentido. Una vez tengamos ese encuentro personal con Dios, nunca seremos iguales. Mi oración es que podamos tener un verdadero encuentro con Dios, un encuentro que nos haga libres. Que sus ojos sean nuestro espejo.

Cuando tengamos ese encuentro personal con Dios, nuestra boca no dejará de alabarle.



Pablo, Málaga