"Y el Señor Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás? Y él respondió: Te oí en el huerto, y tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí."
......................................................................................Génesis 3:9-10
Para la humanidad, la primera consecuencia del pecado es darse cuenta de que está desnuda. Y no sólo eso, sino también pensar que esa desnudez es algo de lo que avergonzarse y, peor aún, que es un impedimento para una relación íntima con Dios. Adán tiene miedo al verse desnudo y al escuchar acercarse al Ser más completo, lleno y santo que existe. Sabe que no tiene nada que ofrecer.
Esta consecuencia perdura hoy en día. ¿Cuántas veces nos hemos escondido de Dios, avergonzados porque sabíamos que no teníamos nada que darle? Avergonzados porque alguien nos dijo que estábamos desnudos (que es verdad) y que eso nos impide llegar hasta un Dios vestido en esplendor.
Cristo, el segundo Adán vino a llamarnos de nuevo a la desnudez. El Evangelio, las buenas noticias, explican que la desnudez es el prerrequisito para entrar en la presencia de Dios, para tener intimidad con él y para conocerle en el más amplio sentido de la palabra. Piensa en las bienaventuranzas: bienaventurados los pobres, los hambrientos... ay de vosotros, que ahora estáis saciados (Lucas 6:20-26).
Párate un momento, reconoce que estás desnudo y que vienes sin nada ante Dios: “empty handed, but alive in your hands”. Recibe su amistad. Comienza este año reconociendo realmente lo que tienes (nada) y lo que él te da (todo) y pregúntale qué quiere hacer con ello y no lo que tú puedes hacer por él.
Kenny, Madrid
Link a este devocional en 24-7
Más devocionales en 24-7

2 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada